Una de las cosas que más me gustan de mi trabajo es cocrear. Cocrear con mis compañeras y compañeros de Cataliza y, por otra parte, cocrear con nuestros clientes. Es en ese espacio compartido donde aparecen las mejores preguntas, las decisiones más honestas y los aprendizajes que realmente transforman.
Cuando una empresa apuesta por crear o revisar su modelo de liderazgo, nos gusta abrir nuestra caja de herramientas. Gracias a las sinergias que nos da trabajar con diferentes sectores y tipologías de organizaciones, buscamos siempre extraer lo mejor de cada práctica para acompañar la construcción de un modelo sencillo, claro y alineado con la idiosincrasia de cada organización.
Y, de manera natural, van surgiendo proyectos que se conectan entre sí y refuerzan el proceso que estamos construyendo con cada organización.
Escuchar antes de proponer
En los inicios, el proceso se me antoja como la preparación de un buen manjar.
Empieza con una conversación en profundidad con la persona fundadora o la dirección general, combinada con entrevistas a personas clave del comité de dirección. Esa entrevista es esencial: en ella buscamos datos, pero también sensaciones.
Aparecen anécdotas del pasado, del presente y del futuro. El lenguaje propio de esa cultura, la pasión por el proyecto, la implicación de quien habla. Miradas que revelan la cultura real de la organización. A través de ese recorrido empezamos a comprender qué aporta cada persona al conjunto, las similitudes, las tensiones y la esencia que sostiene el proyecto.
Esa misma conversación también transforma a quien la vive. Se abre la pregunta sobre qué rol quiere asumir cada persona en la próxima etapa y cómo quiere contribuir al crecimiento colectivo.
Y eso ya forma parte del aprendizaje.
Del diagnóstico al modelo compartido
Con todo ese material, combinamos nuestra experiencia acompañando a múltiples organizaciones con lo vivido junto a ellas en el terreno. Así empezamos a definir un modelo de liderazgo que encaje, que no sea impuesto, sino reconocido por quienes lo van a hacer realidad.
Este fue el proceso recorrido junto a una empresa familiar creativa con vocación internacional, que ha construido su crecimiento a partir de creaciones singulares y una cultura muy cuidada. Se encontraba en un momento clave de evolución de su modelo de liderazgo.
La propuesta inicial no se queda en un despacho. Pasa por sesiones de inteligencia colectiva con el conjunto de personas clave de la organización.
Nos proponemos diseñar una hoja de ruta que tenga sentido para el colectivo de mandos intermedios, con la máxima apertura, respeto y una facilitación cuidada para que todas las voces sean escuchadas y consideradas.
Nuestro trabajo solo tiene sentido si se convierte en un horizonte compartido, en un marco que ayude a orientar la —a menudo artística— tarea de dirigir un negocio en la incertidumbre del mundo que nos toca vivir.
Cuando empezamos a sintonizar
Llegados a este punto, el equipo de Cataliza y el equipo de líderes de la organización empiezan a reconocerse en una misma dirección. Tenemos claro el ADN y, al mismo tiempo, las acciones necesarias para mejorar aspectos como la eficiencia, el cuidado de lo más importante —la guía y la mentoría interna— y la atención a la esencia que las personas fundadoras imprimieron en la organización.
En ese momento ya somos partners.
A través del trabajo con distintos grupos, debatimos, pulimos el modelo y lo contrastamos con nuestro enfoque de liderazgo de las 4Cs de Cataliza: coherencia, confianza, colaboración y conciencia del impacto. Y no nos quedamos ahí.
Con una buena comunicación interna, esos estándares se alinean con cada colectivo de managers y se integran en procesos de formación en liderazgo, dosis a dosis, en grupos. El cambio no es brusco: es progresivo, vivido y compartido. Su tiempo es oro, así que cuidamos mucho la eficiencia, la combinación entre presencial, virtual y autodirigido.
La formación como espacio de transformación
Cuando entramos en modo “formación”, estamos al servicio de lo que ocurre en el sistema. Las personas se conocen mejor, se desatan los nudos que impedían el progreso y se abren nuevas posibilidades de evolución.
Eso nos encanta.
A veces, a la directora de un negocio le vuelven a brillar los ojos.
O una persona en un rol de mando descubre la importancia de mantener reuniones uno a uno con cada miembro de su equipo. Los cambios se viven con más conciencia, tanto a nivel individual como organizacional.
Desde fuera, percibimos claramente ese momento en el que la organización evoluciona: de empresa familiar a multinacional, de una intención genuinamente colaborativa a una mirada más estratégica, capaz de anticipar riesgos y tomar decisiones con mayor perspectiva.
Señales de madurez organizacional
El entorno formativo facilita esa madurez. Navega entre contenidos, herramientas de facilitación y espacios de codesarrollo profesional. Recuperar la ilusión y saber disfrutar del momento presente, sin tanto juicio, es uno de los regalos menos visibles —pero más valiosos— de este tipo de procesos.
Cada cierto tiempo es necesario volver a alinear expectativas y maneras de hacer.
Las personas con experiencia internacional aportan una mirada más amplia, que enriquece a quienes se encuentran en la central. Aparecen la expansión y la diversidad como pilares del éxito. No hace falta que lo expliquemos nosotros: el propio equipo lo ve porque se involucra, comparte y aprende dentro de sus círculos de confianza. Ve que cada vez está más cerca la ansiada seguridad psicológica que permite aprender juntos y seguir avanzando.
Liderar es seguir aprendiendo
Este 2026 seguimos atentas a aquellas organizaciones que sienten que ha llegado el momento de revisar su modelo de liderazgo. Empresas que apuestan por la sostenibilidad, la innovación, la creatividad, la asertividad y el desarrollo del talento humano.
Quizá no lo sepan todavía, pero estamos ahí para acompañarlas.
Porque liderar implica aprender de forma continua: ser coherentes con quienes somos, generar confianza, colaborar para construir algo nuevo y ser conscientes del impacto que generamos en el mundo y en las comunidades de las que formamos parte.
